El Republicanismo Morado: Nuestro propio camino

En las últimas cuatro décadas, el cambio tecnológico, la globalización, y el cambio climático han impulsado profundos cambios estructurales a escala mundial que han generado ambos, progreso y oportunidades, pero también turbulencia, incertidumbre e inestabilidad en todos los ámbitos de la actividad humana. Sin embargo, también ha originado una sensación de que los beneficios de la expansión económica mundial se distribuyen de forma muy desigual. Los países están experimentando transformaciones que los obligan a cuestionar y repensar cada uno de sus enfoques de desarrollo.

Desde nuestra perspectiva y como lo hemos señalado ya en el ideario del Partido Morado, el desafío que enfrenta la acción política en la actualidad consiste en mantener, expandir y acelerar los avances obtenidos; y al mismo tiempo contrarrestar las consecuencias indeseadas. En la búsqueda de estrategias y políticas de desarrollo para enfrentar este nuevo entorno no hay modelos a seguir. Es necesario aprender de nuestra propia historia y, sobre todo, de la experiencia de otras naciones, pero sin pretender imitar aquello que los países más ricos están abandonando. La era del conocimiento científico, humanista y artístico ha convertido el talento humano en la fuente de riqueza más rentable y a las nuevas tecnologías en su excepcional complemento, poniendo a ambas al alcance de las sociedades en desarrollo. Asimismo, los desafíos contemporáneos nos ofrecen a los peruanos la oportunidad de idear y seguir Nuestro Propio Camino hacia la prosperidad y el bienestar para todas y todos los peruanos.

Nuestro Propio Camino, la propuesta política del republicanismo del Partido Morado, imagina al Perú como una nación de ciudadanos verdaderos: con los mismos derechos, responsabilidades y oportunidades; y donde el imperio de la ley y sus instituciones los garanticen. Para lograr este imaginario en las próximas décadas, Nuestro Propio Camino propone que la forma de alcanzar esa promesa republicana es apostar por la combinación de dos elementos: la inversión en el talento de las personas y la diversidad de diversidades del Perú, único en el mundo.

El republicanismo de Nuestro Propio Camino garantiza la igualdad de oportunidades, reconoce y promueve a la vez el esfuerzo personal y colectivo en el logro de mejores condiciones de vida. Rechaza tanto el inmovilismo político que aspira a mantener el statu quo, así como las transformaciones políticas autoritarias o subversivas. Reconoce que el Perú es una de las sociedades más inequitativas del planeta, y por tanto las desigualdades extremas son nocivas y contraproducentes desde todo punto de vista: moral, económico, social, cultural y político. La posibilidad de superarnos basada en los talentos nos llevará hacia el progreso y el bienestar. Tenemos, además, dos decenios de “dividendo demográfico”, tiempo durante el cual las personas en edad de trabajar superarán a las personas dependientes (menores de 15 años y mayores de 65), y que debemos aprovechar para sentar las bases de una prosperidad duradera para todos.

La diversidad de diversidades de nuestro país es una inmensa oportunidad para progresar en el mundo moderno y avanzar hacia la prosperidad compartida, siempre y cuando vaya acompañada del capital humano que la repotencie. Para ello, necesitamos conocer mejor nuestra diversidad de diversidades, conservarla y utilizarla racionalmente. Nuestro Propio Camino considera que nuestro entorno biofísico, ubicación geográfica mundial, dotación de recursos naturales, variedad del territorio nacional, riqueza cultural e histórica, constituyen activos únicos a nivel global que nos confieren una capacidad de adaptación que no poseen otras regiones y son sinónimo de fortaleza geopolítica en el mundo globalizado del siglo XXI. En tiempos de profundas transformaciones e incertidumbre global, esto implica la responsabilidad especial de obtener el mayor provecho posible de estas condiciones y ventajas especiales que tiene el Perú, promoviendo, la inversión en ciencia y tecnología y la diversificación productiva.

El principal obstáculo del Perú para construir Nuestro Propio Camino es la desigualdad, la desvaloración de nuestra diversidad de diversidades y la falta de conciencia sobre las oportunidades que la inversión en las personas ofrece en medio de la cuarta revolución industrial. Nuestro Propio Camino logrará un país donde el futuro de la niñez peruana no dependa del lugar donde nació.

Las grandes cuatro reformas republicanas de Nuestro Propio Camino

La “promesa republicana” de Nuestro Propio Camino debe garantizar la ejecución de cuatro grandes reformas a fin de construir ciudadanía y bienestar:

La reforma del conocimiento es la primera. El país debe tener control en la creación de capacidades humanas y la producción de información –las fuentes más importantes de riqueza– para propulsar su propio progreso. Ello requiere ajustes drásticos en las políticas educativa y de salud infantil, y el lanzamiento de una ambiciosa política pública para el impulso de la innovación productiva, la ciencia y la tecnología.

La segunda es la reforma de la gestión del territorio. Para aprovechar su diversidad de diversidades, condición sine-qua-non para su desarrollo, el Perú debe aprender –sí, aprender, porque nunca lo hizo– a conocer y administrar todos sus recursos. El ordenamiento territorial no puede esperar. El proceso de descentralización se vio afectado por la ausencia de otras reformas y la generación de capacidades locales y regionales. Requiere de voluntad política y liderazgo firme al haber sido afectado por la corrupción, la ineficiencia y la falta de rendición de cuentas. Más aún, se la descentralización se implementó precipitadamente. La infraestructura nacional debe ser declarada en emergencia, seguida de un ambicioso plan de construcción de obras de interés estratégico nacional.

El acceso a libertades económicas es la tercera gran reforma. Para progresar, el país debe maximizar el potencial productivo de todos los peruanos, y no de sólo unos pocos. Ello supone establecer reglas de juego –instituciones económicas– que garanticen igualdad de condiciones para la iniciativa privada. Eso obliga transitar hacia un sistema tributario más justo, fortalecer los derechos de propiedad, reforzar la lucha contra las prácticas de dominio de mercado, e integrar y expandir, sustancialmente, los programas de apoyo al desarrollo productivo para impulsar – ahora sí, en serio– la diversificación de la economía.

La reforma de las instituciones políticas es la cuarta gran reforma. El desarrollo no será́ posible sin políticas públicas de calidad –consensuadas, sostenibles, predecibles y costo efectivas–, y estas sólo nacen de procesos políticos altamente representativos e incluyentes. La reforma debe concentrarse, de manera integral, en tres áreas: promover una sólida representatividad política –bajar las barreras a la entrada de nuevos actores, con ideologías sólidas, y subir los requisitos a su permanencia–, garantizar los derechos humanos para todos, en particular aquellos de las personas más vulnerables, las mujeres y las minorías, y reducir los privilegios, gollerías y carga burocrática del Congreso que insultan la dignidad de los peruanos y violan uno de los principios básicos del comportamiento republicano, como lo es la austeridad; así como iniciar un debate serio, responsable, técnico, y que tenga legitimidad para una reforma constitucional integral.

Los retos del mundo post-COVID

Los efectos de la pandemia sanitaria mundial de inicios de la tercera década del siglo XXI traerán consigo nuevas formas de producción, de interacción social, y, por tanto, de nuevas dinámicas de representación política a nivel global. Este proceso de cambio requerirá, por ejemplo, una más intensa relación entre la vida diaria de las personas y la tecnología de la cuarta revolución industrial.

La razón detrás de estos cambios ha sido la cruda exposición de los riesgos y las limitaciones del enfoque de progreso tradicional para adaptarse al cambio y los períodos de crisis. Es decir, de forma inevitable, nos enfrentamos a un nuevo escenario mundial, a un mundo post-COVID, el cual debemos entender a profundidad para enfrentar los retos del desarrollo.

Es muy difícil imaginar el nuevo mundo post-COVID, pero lo que sí es claro es que ese nuevo estado de cosas demandará un Nuevo Contrato Social entre el Estado y el ciudadano, el planteamiento de una renovada relación entre ambos que se centre más en la humanidad de las personas, con énfasis en su protección y acceso a más oportunidades y derechos.

Ese nuevo mundo también estará caracterizado por un intenso debate acerca de enfrentar la desigualdad como uno de los obstáculos más grandes para alcanzar el bienestar, la justicia, y la paz. Asimismo, el mundo post-COVID reforzará la concepción de un Estado que, lejos de ser un problema, podría convertirse en parte de la solución si se concentra en la reducción de brechas económicas y sociales; y en la protección de derechos para todos.

La ideología del Partido Morado reconoce los rápidos e intensos cambios mundiales y posee la capacidad, dentro de su propuesta republicana, de incorporar estos nuevos desafíos y plasmarlos en políticas públicas concretas, sensatas y responsables, que generen valor público y resultados favorables para los ciudadanos. Si no aprendemos de las lecciones que nos deja la pandemia y no hacemos las reformas estructurales necesarias para fortalecernos y mitigar los efectos de los shocks externos que están por venir, entonces estaremos destinados a ser una nación subdesarrollada, sin futuro, a la deriva y dirigida por una élite de mediocres irresponsables.

La gran lección de la pandemia es que la desigualdad acelera y amplifica el efecto destructivo de las crisis. Ha quedado claro que la tormenta nos agarra a todos por igual, pero en distintos botes. Las vergonzosas brechas en el acceso a servicios de salud, agua potable, vivienda digna, transporte seguro, internet, y al sistema financiero han expuesto a la mayoría de la población a la cruda realidad y explican en su mayor parte la catástrofe que en términos de fallecidos y depresión económica viene afectando a nuestro país.

Hay que ser bien ingenuo para pensar que habrá un retorno a la realidad pre-pandemia. Mucho será diferente y las próximas generaciones deberán adaptarse a un mundo en cambio permanente e incierto. Las pandemias son shocks externos que nunca controlaremos, pero la “vacuna social”, la propuesta republicana morada Nuestro Propio Camino, sí es algo que podemos construir juntos. 

El nuevo orden Macroeconómico

El mundo post-COVID nos conducirá a un nuevo orden macroeconómico. Desde hace varios años, la economía peruana ya había venido perdiendo dinamismo de manera sostenida, pasando de promedios de crecimiento del 6.5% anual a apenas 2.2% en 2019. Ese comportamiento reflejaba el agotamiento de las reformas ejecutadas décadas atrás y de la ausencia de una política económica efectiva por parte del Estado. Ello tuvo consecuencias en el campo social. Los índices de pobreza, que se venían reduciendo de manera rápida, se estancaron en paralelo con el comportamiento económico, registrando el año pasado apenas una reducción de un punto porcentual. En suma, estábamos en una trayectoria que nos llevaba hacia el estancamiento económico y el retroceso social. Para hacer frente a este escenario, el Partido Morado preparó el Plan de Política Económica que contempla un conjunto de reformas que aseguran la reversión de esa perspectiva.

Sin embargo, ante el inicio de la presencia de la pandemia del COVID desde marzo del 2020, que viene ocasionando devastadoras consecuencias sanitarias, económicas y sociales, el Producto Bruto Interno (PBI) nacional descenderá alrededor de un 12%, lo cual ha aumentado significativamente el desempleo, la pobreza, la desnutrición infantil, y otros indicadores de bienestar. Cerca del 50% de peruanos han perdido el empleo, y cerca de dos millones de ellos pasaron a la condición de pobreza en los últimos seis meses.

Por tanto, hoy la prioridad es crear empleo inmediato, sobre todo en la base de la pirámide social, que es el verdadero motor de la economía nacional. Ello requerirá no solo de una correcta lectura de la economía peruana -como por ejemplo el rol de la informalidad- sino también de creatividad, ambición, y capacidad de gestión para ejecutar programas públicos cuyos beneficios efectivamente lleguen a quienes hoy más lo necesitan. Un ejemplo de ello es la propuesta morada de “Mejoramiento de Mercados de Barrio”, por el cual se financian condiciones básicas de cientos de mercados vecinales, tales como techos, pisos de material noble, servicios higiénicos, y accesos físicos con estándares de seguridad. Esta iniciativa creará miles de empleos en el corto plazo, elevará los ingresos de los comerciantes, y mejorará las condiciones sanitarias y de seguridad vecinal en una forma significativa.

Debido a las urgentes medidas que deben tomarse para reactivar la economía y generar empleos, el Plan de Política Económica del Partido Morado se ha visto obligado a alterar los énfasis y las prioridades en la aplicación de la política económica, por la necesidad que existe de atender a los segmentos que con más rigor estas sufriendo las consecuencias de la pandemia, y además ordenar y sincerar las cuentas macroeconómicas nacionales para asegurar un manejo responsable de la economía. Para ello tenemos un Plan de Emergencia, que tiene como principal componente un plan fiscal, con el que se propone apoyar la acción del gobierno para aliviar la situación existente. Los cuatro pilares de este plan de emergencia son: (i) la estabilidad, predictibilidad y prudencia en el manejo de la economía, (ii) la mejora de la recaudación tributaria a través de una reforma integral, (iii) la racionalización del gasto público en todos sus niveles, (iv) la mejora de la eficacia y la calidad de la inversión pública. Estas prioridades, que deben ser atendidas de inmediato, también estarán acompañadas desde el inicio de nuestro gobierno con la implementación de las reformas estructurales centradas en el bienestar de las familias peruanas.

La crisis del sistema político nacional

La visión del Perú del Partido Morado, sus cuatro reformas estructurales, y el plan de emergencia económica y sanitaria que planteamos, se enmarcan, lamentablemente, en un sistema político en crisis. La corrupción, con sus casos más emblemáticos Lava Jato y Los Cuellos Blancos, ha comprometido a la mayoría de la clase política del país, incluyendo a los últimos cinco ex Presidentes de la República, miembros del Congreso, buena parte de las organizaciones políticas, y el empresariado. Asimismo, las pugnas por el poder para librarse de los procesos judiciales en marcha han terminado enfrentando a los poderes del Estado y a los principales actores políticos generando una crisis e inestabilidad política con pocos precedentes -tres Presidentes de la República en tres años-, dejando al país en la parálisis para la toma de decisiones para resolver las verdaderas necesidades de las peruanas y peruanos, siendo la lucha contra la pandemia un claro ejemplo de ello.

Los jóvenes, la generación del Bicentenario, merecen más. No se sienten representados por el actuar y los valores de la clase política actual, rechazan sus prácticas anti republicanas que obstaculizan el progreso, se basan en privilegios, defienden intereses particulares y, sobre todo, son indiferentes a los problemas más básicos de los jóvenes, que se resumen en la creación de oportunidades para que todos puedan alcanzar sus proyectos de vida. Ante esta situación, el Partido Morado nace, crece y se institucionaliza progresivamente en la vida política del país para renovarla, con una nueva visión, nuevas ideas, una diferente relación con el ciudadano, y el rescate de los valores republicanos aplicados al siglo XXI y la cuarta revolución industrial.

Estamos hoy en un momento histórico para nuestro país. Dependerá del esfuerzo morado y de la confianza que las peruanas y peruanos depositen en nosotros para que el Perú ingrese, a partir del 28 de julio del 2021, a una etapa de paz, estabilidad, e implementación de reformas estructurales que nos guíen hacia el progreso basado en la inversión en los talentos de los peruanos y peruanas, y su  combinación con nuestra diversidad de diversidades.

El Partido Morado se ha preparado cinco años para este momento. Con convicción y trabajo hemos construido un partido político de verdad, con una ideología republicana clara, una organización presente en el territorio nacional, una militancia morada con identidad y en constante capacitación, y una representación parlamentaria –“la bancada morada”- que le está demostrando a todos los jóvenes que, a pesar de todas sus complejidades, la política sí se puede ejercer de una forma decente, honesta, responsable y consistente con los verdaderos intereses del Perú. Para los morados, los jóvenes no son el futuro, sino el presente del Perú, gracias a su nueva escala de valores, su creciente sentido de identidad, y su valentía para enfrentar la injusticia social. Todo nuestro esfuerzo político está dedicado a ellos.

 

 

Julio Guzmán Cáceres

Presidente del Partido Morado

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